Reflexión #11
¿Gracias por todo?
Aprendí algo poderoso y quiero compartirlo contigo, porque las cosas buenas no se guardan, se comparten.
Hace algún tiempo escuché una enseñanza que transformó mi manera de ver la vida, y desde entonces procuro ponerla en práctica. Creo firmemente en el poder del agradecimiento. No solo porque cambia nuestra perspectiva, sino también porque es un principio bíblico que abre caminos de luz en medio de nuestra oscuridad. La Palabra de Dios dice:
"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."(1 Tesalonicenses 5:18).
Fíjate que no dice "den gracias solo cuando todo salga bien". Dice en todo. Eso incluye los días buenos, los días difíciles y también aquellos que no entendemos.
Por eso, procura no quejarte. No te quejes del clima, de tu trabajo, de tu cuerpo, de tu edad, de tu familia o de las circunstancias que hoy estás viviendo. No permitas que tu situación actual te robe la paz del presente.
Tampoco vivas imaginando una vida diferente. Deja de pensar:
"Si yo tuviera..."
"Si yo fuera..."
"Si hubiera nacido en otro lugar..."
"Si me hubiera casado con otra persona..."
"Si fuera millonario..."
"Si hubiera tenido menos hijos..."
"Si viviera en otro país..."
Vivir atrapados en los "hubiera" nos impide abrazar el propósito que Dios tiene para nosotros.
No compares tu porción con la de nadie más. Dios no comete errores. Nosotros sí. Muchas veces vivimos las consecuencias de nuestras propias decisiones, pero la buena noticia es que en Dios siempre hay redención. Él puede tomar incluso nuestros errores y convertirlos en parte de un propósito mayor.
Por eso hay tanto poder en agradecer.
Cuando damos gracias, aun en medio de las dificultades, estamos diciendo: "Dios, no entiendo lo que está pasando, pero confío en que Tú sí lo entiendes." Esa es una declaración de fe.
La obediencia siempre trae recompensa. Y dar gracias, incluso cuando el corazón no tiene respuestas, es un acto de obediencia que abre la puerta para que Dios fortalezca nuestra fe y transforme nuestra perspectiva.
Hoy quiero animarte a hacer un ejercicio sencillo: deja de mirar lo que te falta y comienza a agradecer por lo que ya tienes. Quizá descubras que Dios ya ha llenado tu vida de mucho más de lo que habías notado.
Porque un corazón agradecido siempre verá la mano de Dios, aun cuando sus ojos todavía no vean el milagro.
Hoy puedes cerrar tus ojos y decir con todo tu ser:
DIOS, Padre mío. Ayúdame a entender el principio del agradecimiento. Ayúdame a dar gracias aun cuando todo va mal, ayúdame a creer en que en Ti todo puede ser redimido.
© Ruth Abarca Antón | Todos los derechos reservados.

