Dios Y MI ALIENACIóN: UN SALMO QUE SALVó MI EXTRAÑEZA.
Reflexión #1
Dios tiene planes para cada persona. Algunos los conocen, otros intentan descubrirlos, otros aún no los han encontrado y muchos ni siquiera se han enterado de que existen. Pero vivir sin propósito es un riesgo.
A mis 20 años atravesé un tiempo muy difícil. Me invadieron temores mentales y emocionales sobre el futuro, miedos a no tomar las decisiones correctas en mi vida. Me sentía perdida y sola. Sufría taquicardias; la respiración se me entrecortaba y mi cuerpo temblaba lentamente, y esos episodios llegaban sin avisar. Yo misma habia puesto a Dios en pausa, me habia aleajado de El.
Un día alguien me dijo: “Repite el Salmo 123, allí encontrarás paz”.Y asi lo hice, sin entenderlo del todo, pero aferrándome a esas palabras como a un salvavidas. En mis descansos para el almuerzo después de una larga jornada frente a un escritorio, me iba sola a un restaurante cercano, donde venían sánduches y sopas calientes. Allí, en una mesita no muy atractiva, con mi libreta en mano y el Salmo 123 escrito, leía y repetía cada verso mientras luchaba con mis miedos.
No es raro que las personas pierdan su flecha, su norte; en algún punto de la vida puede suceder. Empiezas a cuestionarte más de lo normal y la mente y el corazón entran en guerra. Abrazas la duda en un mundo y un sistema que parecen totalmente anti-Dios. El “¿por qué estoy aquí?” se convierte en una pregunta sin respuesta y ese vacío existencial comienza a clamar.
Los problemas cotidianos, la economía, el desánimo, el matrimonio, los hijos, la rutina…ponle el nombre que quieras. Sin embargo, Dios, como Padre omnipresente, reconoce el dolor y la desesperación de sus hijos que, aunque estén apartados de su voluntad, nunca están lejos del oído de Dios. Y es que Dios nunca permitirá que seas aplastado por cualquier gigante que quiera destruirte y matar tu asignación.
El Salmo 123 se convirtió en mi arma contra ese gigante. Por eso hoy te lo comparto: porque asi como Dios me alcanzó en medio de mi alienación, puede alcanzarte a ti también. Sí, ese gigante puede caer. Puede caer por medio de este Salmo, porque la palabra de Dios no es solo consuelo o un libro de historias: es espada, es escudo, es una arma viva.
Es la arma espiritual más poderosa que tenemos contra el miedo, la confusión, la soledad, la ansiedad, la mentira y cualquier otra cosa que intente desviar o matar tu asignación.
Cuando no tengas fuerzas, repite su palabra (en mi caso, fue este salmo)
Cuando no sepas qué hacer, repite su palabra
Cuando sientas que todo se cae, repite su palabra
Porque a veces no necesitas entenderlo todo…solo necesitas recordar quién pelea por ti.
© Ruth Abarca Anton | Todos los derechos reservados.

