Reflexión #9
Mi atmósfera determina mi vida.
Si sacas a un pez del mar, morirá en cuestión de minutos. No porque esté enfermo, ni porque tenga algún defecto… sino porque fue diseñado para vivir en el agua. Fuera de su atmósfera, no puede sostener la vida.
De la misma manera, el ser humano también necesita una atmósfera correcta para vivir plenamente. No solo física, sino emocional y espiritual. Fuimos diseñados para vivir conectados a la fuente correcta : DIOS.
Cuando estamos fuera de ese ambiente —lejos de Dios, lejos de la verdad, lejos de lo que nos da vida—, empezamos a debilitarnos por dentro. Tal vez seguimos “vivos” por fuera, pero algo en nuestro interior comienza a apagarse poco a poco.
Por eso, así como el pez necesita el agua para sobrevivir, nosotros necesitamos la presencia de Dios para vivir con propósito, identidad y plenitud.
Mi atmósfera determina mi vida… y también determina en quién me estoy convirtiendo.
Y si una persona está feliz en su atmósfera, pero en el fondo siente que no está cumpliendo su propósito de vida… entonces algo no está alineado.
Puede ser que se haya acomodado a ese ambiente sin darse cuenta de que, aunque le da cierta satisfacción, no le está permitiendo avanzar hacia su destino. Se adaptó, se acostumbró, se acomodó… pero no necesariamente está donde debe estar.
Y esto pasa mucho. Muchas personas ya lo detectaron —lo piensan, lo reflexionan, incluso lo intuyen— que el lugar donde están no los está llevando a más. Les da comodidad, sí… pero no crecimiento. Les da placer momentáneo, pero no propósito.
Y aun así, permanecen ahí. En el mismo círculo de pasividad y, muchas veces, de toxicidad… sin hacer absolutamente nada.
Por eso hoy quiero escribirte y animarte: no todo lo que te hace sentir bien te está haciendo bien. Atrévete a evaluar tu atmósfera. Pregúntate si te está formando o estancando. Y si en tu interior sabes que no es el lugar correcto… entonces es momento de moverte.
Pero cuando digo “moverte”, no me refiero necesariamente a dejar a tu pareja, ni a renunciar a tu trabajo, ni a salir corriendo de todo lo que hoy forma parte de tu vida. Me refiero a algo más profundo: a lo que estás consumiendo internamente.
A lo que alimenta tu mente, tu corazón y tu espíritu.
Moverte es decidir rodearte de lo que te haga crecer, de lo que te enseñe, de lo que te acerque a la fuente correcta. Es cambiar conversaciones, pensamientos, hábitos, influencias… incluso silencios. La atmósfera influye grandemente en todo esto, por eso es necesario ser intencional con lo que permites que te rodee, porque, al final, eso que te rodea también te forma.
Ahora dime… ¿la atmósfera en la que estás te está haciendo crecer o te está deteniendo?
¿Y qué estás consumiendo que está formando esa atmósfera en ti?
© Ruth Abarca Anton | Todos los derechos reservados.

