Reflexión #10

UNA CITA CON EL TIEMPO

Ya casi son las doce del mediodía y sigo aquí, frente a un computador, en una reunión de escritores en un taller de la Feria Internacional de Miami, que se realiza anualmente para reunir las voces que siempre tienen algo que decir. Han transcurrido alrededor de tres horas desde que me senté esta mañana. El tiempo ha corrido velozmente, como un atleta que persiste en llegar a la meta.

El tiempo no te espera; el tiempo tiene sus propias reglas, su propio paso, su propio destino.

A veces quisiera descubrir la puerta del tiempo y poder pedirle una cita para sentarme a hablar con él. Preguntarle en qué momento corrí tan rápido por la vida. No sé en qué instante llegué a cumplir 41 años, con hijos, con una familia que nació de la gracia divina, ni cuándo los años dejaron de contarse y comenzaron a sentirse.

Tal vez le diría que fuera más despacito, que abrazara más fuerte, que no tuviera miedo de empezar de nuevo.

Y al mirarlo a los ojos, quizás entendería mejor las etapas de la vida, incluso las más complicadas, esas que me trajeron hasta la mujer que hoy soy: más consciente, menos arrebatada y mucho más agradecida.

¿Y si pudieras sentarte frente al tiempo?

¿Qué le dirías?

¿Le reclamarías por lo rápido que pasó?

¿Le pedirías que te devolviera algún momento?

¿Le agradecerías por todo lo que te enseñó?

© Ruth Abarca Anton | Todos los derechos reservados.

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